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EL NIÑO INTERIOR

El niño interior es ese niño que aún seguimos llevando cada uno de nosotros en nuestro interior.  Sigue presente en nosotros la inocencia, capacidad de asombro y viveza de nuestro niño, pero también siguen vivas las heridas y dolores experimentados en la infancia.

 

Para lograr sentirnos plenos, realizados y amados, es imprescindible sanar cada parte de nosotros, empezando por nuestro niño interior.

 

Si el niño fue herido o sufrió dolor y guardó estas vivencias y emociones, al crecer y convertirse en adulto, seguirá llevando a ese niño enojado o herido o atemorizado.

 

Sin darse cuenta, la persona experimentará sentimientos, comportamientos y pensamientos que no entiende y que vienen desde su niño no sanado.

 

Ya que partes nuestras no han madurado ni crecido, cada vez que nos veamos enfrentados a situaciones similares a aquellas en las que vivimos dolor, temor y soledad en nuestra infancia, ellas saldrán a la luz y serán las que reaccionen y respondan. 

 

Las emociones y recuerdos dolorosos del niño están ahí, aunque el escenario y los personajes hayan cambiado.  Puede que alguien nos hable brusco, nos mire con expresión dura o se comporte de una determinada manera.  Si cuando niños vivimos una situación similar, hará surgir en nosotros viejos miedos y angustias.

 

Estas emociones pueden ser muy potentes e inundarnos, sin embargo, es muy importante tomar conciencia que, justamente las emociones que tienen la propiedad de sacarnos de nuestro centro más rápido y nos hacen sentir profundamente atemorizados, solos, incapaces, impotentes o heridos, nos están indicando el camino para sanar esa parte tierna e inocente que llevamos dentro.

 

Mientras no sanemos a nuestro niño y no lo rescatemos de la oscuridad y soledad, conectándonos nuevamente con él y le hagamos saber que ahora está seguro y es profundamente amado, él seguirá pidiéndonos atención de alguna u otra forma.

 

 

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