PAS Personas Altamente Sensibles

 

 

Elaine Aron, doctora norteamericana especializada en psicología clínica comenzó, en 1991, a investigar sobre la alta sensibilidad, investigación que continúa hasta el día de hoy.   Su inquietud sobre la sensibilidad comenzó al  notar que su manera de percibir y de interactuar con el mundo era diferente al de la mayoría de las personas, viviendo una infancia y adolescencia difícil en la que se sentía diferente e incomprendida por las demás personas.

 

Una queja bastante común de las personas muy sensibles es que no conocen a nadie como ellas. Muchas de las PAS, antes de descubrir ese rasgo, están convencidas de que no hay nadie tan raro como ellas. Lo habitual es que pasen gran parte de su vida sin saber que pertenecen a ese gran grupo «PAS», creyendo que son las únicas extrañas y de las muy pocas que sufren por tener la emocionalidad a flor de piel, por sentirse más vulnerables y más abiertas de cara al sufrimiento presente en el mundo. La gran mayoría, antes de saber que ser muy sensible es bastante normal y que encima tiene un nombre —el rasgo de la alta sensibilidad—, sufre por lo mencionado, se siente profundamente incomprendida, lo cual le puede generar una intensa soledad. Muchos, por no llamar la atención, procuran adaptarse, fingiendo que son como la gran mayoría, siempre comparándose con aquellos que aparentan ser más fuertes y menos sensibles.  Sin embargo, gracias a las investigaciones de la Dra. Elaine, muchos de nosotros, los PAS hemos encontrado el alivio, entendimiento de nosotros mismos y comprensión que nuestro rasgo de alta sensibilidad puede ser un regalo si aprendemos a fortalecernos.

 

 

Qué es la Alta Sensibilidad:

 

1. Un rasgo normal:  Se ha descubierto que entre el 15 a 20% de la población son altamente sensibles -demasiadas personas para ser un desorden, pero no las suficientes para ser un rasgo comprendido por la mayoría.

 

2. Se nace con este rasgo:  Biólogos han encontrado que más de 100 especies (y probablemente hay muchas más) desde pájaros, pescados, perros, gatos, caballos hasta monos, tienen esta característica.  Estos rasgos reflejan un cierto tipo de estrategia de sobrevivencia:  observar antes de actuar.  El cerebro de las Personas Altamente Sensibles (PAS) realmente trabaja un poco diferente que el de la mayoría. 

 

3. Están más conscientes que otras personas de detalles:  Esto se debe principalmente a que su cerebro procesa información y reflexiona sobre ella de forma más profunda.  Por lo tanto, incluso si usan anteojos, ven más que otros ya que perciben más.

 

4. Si eres PAS te sientes  agobiado más fácilmente:  Si percibes todo, obviamente te sentirás más sobreestimulado cuando las cosas son muy intensas, complejas, caóticas o nuevas por un tiempo largo.

 

5. Este rasgo no es un descubrimiento nuevo, pero ha sido malinterpretado: Porque las Personas Altamente Sensibles prefieren observar antes de entrar en situaciones nuevas, generalmente se les califica de “tímidos”.  Pero la timidez se aprende, no se nace con ella.  De hecho, el 30% de las Personas Altamente Sensibles (PAS) son extrovertidas, aunque el rasgo generalmente se le cataloga erróneamente de introversión.  También se le ha llamado inhibición, temor o neurosis.  Algunas Personas Altamente Sensibles (PAS) se comportan de estas formas, pero no es una condición innata y no corresponde al rasgo básico.

 

6. La sensibilidad está valorada de forma diferente en distintas culturas:  En culturas donde no se les valora, las Personas Altamente Sensibles (PAS) tienden a tener una baja autoestima.  Se les dice “no seas tan sensible”, con lo que tienden a sentirse distintos y fuera de la normalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuatro características esenciales y determinantes a la hora de reconocer si eres una Persona Altamente Sensible (PAS)

 

 

 

 

1.      Profundidad en la manera de procesar la información:

 

Rumiar.  Dar mil vueltas a un tema, investigando todas las posibles perspectivas y más.  La capacidad de combinar grandes cantidades de información, comparándolas con datos y experiencias anteriores.  La tendencia a no tomar la información a la ligera, sino más bien a preocuparte y ser consciente de las múltiples soluciones e implicaciones que puede llegar a tener el tema que ha captado tu atención.  La PAS es más consciente tanto de lo que está pasando dentro de ella misma como de lo que ocurre en su entorno.  Se añade la necesidad de amistades y relaciones personales con una verdadera conexión, la búsqueda del sentido de la vida y, como consecuencia de todo ello, en muchos casos, la necesidad de sentirse unido a algo mayor y transcendental.

 

 

2. Sobreestimulación

 

Si eres consciente de cada matiz dentro de cada situación, y si se trata de una situación compleja con muchas facetas para remarcar, con mucho ruido y con mucho movimiento, y si todo esto se prolonga durante un tiempo más bien largo, no es difícil comprender que la enorme cantidad de información que te toca procesar llegue a cansarte. Te agotas, mientras que el no PAS puede aguantar mucho más tiempo porque recibe solamente una muy pequeña parte de la información que tú vas captando. Si llevas un día entero conduciendo, luego no quieres ir a una discoteca, por ejemplo. Todas las PAS presentan la tendencia de saturarse con facilidad, y en relativamente poco tiempo. La sobreestimulación o sobreactivación es, pues, el resultado de recibir más información de la que el cerebro es capaz de procesar.  Esto causa estrés y se manifiesta con una serie de síntomas corporales muy desagradables y bien conocidos, como las dificultades para respirar, la taquicardia, el dolor de cabeza, los mareos, la sudoración excesiva, el insomnio, la irritabilidad… Las PAS conocemos muy bien este fenómeno.  Posiblemente te ha ocurrido en una fiesta con mucha gente, en un teatro o en un estadio con mucho ruido, viajando en un tren o un autobús repleto de pasajeros... Conoces la sensación de perder el control y bloquearte de una manera u otra.  O de ponerte terriblemente nervioso.  Un repentino deseo, una fuerte necesidad de escaparte, de huir, porque te sientes del todo abrumado.  ¿Quién, siendo PAS, no conoce los ataques de pánico o la hiperventilación? El rasgo de la alta sensibilidad, sin embargo, no se caracteriza por sentirse molesto ante los niveles altos de estímulos, aunque esto es lo que ocurre cuando recibimos demasiada información.  Ese es el síntoma.  Las PAS llegamos a sobresaturarnos por la intensa manera en que procesamos la información que nos llega.  Es importante no confundir la saturación por intensidad, con otro tipo de saturación sensorial, consecuencia de deficiencias en la manera de procesar la información.  Esto último puede presentarse en personas con autismo, en personas que, aunque generalmente son conscientes de las sutilezas, tienen dificultad para decidir hacia dónde enfocan su atención y qué desechan.   Por ejemplo, si se centran en la cara de la persona con quien están hablando o en el cenicero que se ve cuatro mesas más allá.

 

 

3. Fuerte emocionalidad y empatía

 

La fuerte emocionalidad es una faceta natural de tu forma de ser. Conmoverte con facilidad.  Emocionarte ante manifestaciones de belleza, ante algún gesto que te toca el alma. Ante la ternura.  En momentos de profunda conexión. Cuando ves realmente feliz a otra persona... Por otro lado, si eres muy emocional también puedes verlo todo como un drama, una prueba más de que vivimos en un valle de lágrimas, un callejón sin salida.  Pero, como ya vimos, la investigación científica ha demostrado que las PAS tienen más actividad cerebral que las no PAS cuando se les enseñan imágenes con contenidos positivos.  Y en cuanto a la empatía, nadie te tiene que enseñar cómo hay que ponerse en el lugar del otro; como PAS, es algo que haces de forma automática, sin cuestionártelo.  Solo si eres empático por naturaleza puedes considerarte PAS.  No vale que hayas aprendido a ser empático por aquello de que hay que tener buenos modales.  Una empatía «sana», desde tu centro, te capacita para prestar ayuda constructiva y adecuada; a veces, sin embargo, puede pasar que la empatía se desborde de tal manera que ya no distingamos entre quiénes somos nosotros y quién es la persona (o el animal) al que estamos acogiendo emocionalmente. En este último caso nuestra ayuda puede ser menos efectiva. Nos vamos perdiendo en un problema ajeno, a veces incluso absorbiéndolo y hundiéndonos, sin que, objetivamente, nos toque.  En estos casos la empatía pierde su verdadero sentido.

 

 

4. Sensibilidad:  matices y sutilezas

 

Aunque parece superfluo decirlo, conviene insistir en que para considerarse PAS hay que ser más sensible que la media en cuanto a percepciones sensoriales, captar no solamente todo tipo de datos sensoriales a través de los sentidos conocidos (vista, oído, olfato, tacto y gusto), sino también, y especialmente, la información llamada «sutil», como puede ser el estado anímico de la persona que uno tiene delante, o la energía positiva o negativa entre dos o varias personas («buen onda» o «mala onda»).  Las PAS solemos notar cosas tan insignificantes como si un cuadro está un poco torcido, si hay un pelo de gato en el chalelco oscuro de nuestro interlocutor, si le falta el último botón de su camisa, si hay un pequeño cambio en el corte de pelo de algún conocido, un aroma de jazmín en la lejanía... un sinfín de detalles de los que los no PAS generalmente no son conscientes.  Lo normal es que cuando intentes explicar lo percibido a otra persona, esta te mire como si le estuvieras hablando en chino.  Si eres PAS, ya sabes bien a lo que me refiero.  Hay un alto porcentaje de PAS que capta información tan sutil que cabría calificarla como paranormal.  Me refiero a la presencia de difuntos o las auras de las personas.  Pero mientras la capacidad de captar las sutilezas energéticas descritas en primer lugar sí es un requisito para poder considerarse PAS, la percepción paranormal no lo es.  Quien la posee puede ser altamente sensible o no.

 

Para ser PAS deben estar presentes estas cuatro características o pilares.